Cuando el matoneo se traslada del patio de recreo a la Web

Miércoles 8 de agosto de 2012, por Ana Maria Moreno B., Philippe Boland
arton119-aecc6El matoneo sucede cuando una persona es sometida, de forma repetida y constante a lo largo del tiempo, a agresiones que puede ser tanto físicas como psicológicas por parte de otra o más personas. En esta situación se presentar un desbalance de poder. El matoneo es un problema de relación social, donde se abusa del poder para desestabilizar al otro con el fin de humillarlo hasta el punto de inculcarle al agredido un sentimiento de impotencia y generarle dificultad para defenderse. Hasta hace unos años, el matoneo más generalizado se limitaba a la escuela o los patios de recreo, donde el matón de turno molestaba al que consideraba débil. Sin embargo con la aparición de las redes sociales, el matoneo migró de estos lugares al ciberespacio y sus efectos se amplificaron. El fenómeno del matoneo se da primero en la etapa preescolar, continúa en la escuela primaria, luego en la secundaria y después va más allá. Este comportamiento ahora es incorporado por menores y adultos, en otras formas de abuso de poder mediado por las tecnologías. El termino cyberbully fue utilizado en un marco académico por primera vez por el docente canadiense Bill Belsey (Wikipedia). La palabra es un acrónimo en inglés surgido de la combinación de "cyber", que se refiere al mundo digital, web y la palabra "bully", el matón, el tirano. En español es común utilizar varios términos para el mismo fenómeno, los más comunes son ciberacoso y cibermatoneo. Sin embargo aunque son aparentemente sinónimos tiene ligeras diferencias, por los menos en lo que corresponde a su definición. El ciberacoso corresponde a la traducción del término cyberstalking, y es el más amplio de los dos, ya que cobija también ataques a grupos, de adultos a adultos y de adultos a menores de edad. El cibermatoneo es una modalidad de ciberacoso y corresponde a la traducción del término en inglés cyberbully. Por el contrario, el cibermatoneo solo se realiza entre pares, principalmente menores de edad y la víctima es una persona, no un grupo, ni una entidad. El ciberacoso, es voluntarioso e implica un daño recurrente infligido a través de un medio de comunicación en línea, ya sea público o privado. Esta nueva modalidad de agresión se relaciona con la aparición de Web participativa, la conocida como 2.0, y se ha hecho evidente como problema al popularizarse del uso de las redes sociales. El ciberacoso implica la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación para apoyar una conducta deliberada, reiterada y hostil de un individuo o grupo, que tiene la intención de dañar a otro. A diferencia del matoneo que se limita únicamente a la zona de juegos o de estudios, con el desarrollo de las redes sociales, ya no existen los lapsos de descanso donde cesa la opresión y la humillación. El uso de la tecnología como un arma de intimidación puede emplearse de día y de noche. A pesar de tener el computador o el teléfono móvil apagado, los mensajes o las fotografías hirientes estarán allí tan pronto la víctima se vuelva a conectar. El autor de un acto de ciberacoso no se limita a enviar un sólo mensaje, sino que puede enviar decenas o cientos de mensajes a una misma víctima. El ciberacoso se manifiesta a través de humillación, burlas, insultos, difamación, descrédito, intimidación, robo de identidad, amenazas sicológicas, contactos insistentes. Las situaciones son variadas. Muchas veces las victimas no saben cómo actuar frente a una situación de este calibre y prefieren callar. Esta es una de las varias razones que hace de este comportamiento inaceptable y malintencionado que nunca debe ser disculpado ni pasado por alto. Por el contrario se deben generar mecanismos para disuadir estas erróneas prácticas. Según la “Guide practique pour lutter contre le cyber-harcèlement entre élèves” elaborada por el Ministerio de Educación Nacional de Francia y la Asociación e-Enfant, las nuevas tecnologías están siendo utilizadas por ciertas personas, principalmente menores de edad, para intimidar y humillar a otros, ya sea creando un tema de discusión, un grupo o una página en una red social. El cibermatoneo produce los mismos efectos que el matoneo, con la connotación de traspasar las fronteras sociales involucrando a un número mayor de personas que de forma consciente o despreocupada pueden participar de la agresión porque no la ven como tal, haciendo comentarios, compartiéndola a otros o dándole un simple “me gusta”. En la dinámica típica del cibermatoneo, la mayoría de los jóvenes que son testigos de una escena matoneo no intervienen, lo que refuerza la sensación de poder del agresor y de indefensión de la víctima. Solo una minoría de jóvenes testigos trata de intervenir para ayudar a la víctima. Según un estudio realizado por Microsoft a nivel mundial, el 25% de los jóvenes reconocen haber sido cibermatoneados. Esto quiere decir que tarde o temprano, la mayoría de los jóvenes tendrán la experiencia de ser agredidos o ser agresores. Sin embargo, una minoría de los jóvenes agresores o agredidos, se enfrentarán a un problema frecuente, grave, penetrante y duradero (Craig & Pepler, 2003). El fenómeno de cibermatoneo es preocupante por su crecimiento vertiginoso y se traduce, por lado, en un número creciente de jóvenes que presentan depresión que en algunos casos llegan fatalmente al suicidio. Por otro lado, en un número creciente de jóvenes que infringen la ley. El supuesto anonimato que ofrece Internet incita los jóvenes a cometer infracciones o delitos, haciéndose pasar por otros falsificando correos electrónicos, perfiles o incluso robando la identidad de terceros. Se sospecha que pocos son los casos que son conocidos por los padres, y que de estos no a todos se les presta la debida atención. Hay que decir, que en un caso de ciberacoso el seguimiento de evidencias puede ser relativamente fácil y por lo tanto descubrir al agresor. En la Convención sobre los Derechos del Niño adoptada por las Naciones Unidas, se especifica que todos los niños deben estar protegidos contra las prácticas abusivas. Por esta razón, actualmente existe en Internet diferentes portales oficiales centrados en la protección del menor, que ofrecen información para ayudar a entender las diferencias entre los espacios digitales públicos y privados, muestran las fronteras entre bromas y acoso, explican lo que se debe o no hacer cuando se presenta un caso de estos, cuáles son las implicaciones legales, la responsabilidad civil y hasta cómo y dónde reportar un caso. Ofrecen trucos, enlaces y recursos útiles, tales como aprender a bloquear a un contacto de la cuenta de correo electrónico o del teléfono celular. Sin embargo, sea cual sea la estrategia o el programa elegido, éste debe ser revisado y adaptado en función del contexto. No siempre es suficiente implementar un programa de intervención para garantizar su eficacia. Algunas medidas tienen un impacto negativo que solo aparece en la evaluación (Dodge, Dobson y Langford, 2006). En Colombia existe el portal www.teprotejo.org, que hace parte de un programa de la Mesa de Trabajo TIC liderada por la Red Papaz para la protección de la infancia y la adolescencia en Colombia en Internet, este portal ofrece un canal para denunciar casos de ciberacoso a menores. También se está conformando, la Red de investigación y prevención del acoso en línea y el matoneo virtual www.ciberacoso.co, que busca principalmente generar una sinergia entorno a la problemática y generar conciencia sobre el uso de la información personal, la gestión de la identidad digital y la reputación en línea. Esta Red reúne a representantes de varias organizaciones como universidades y una serie de expertos quienes son consientes de las dimensiones que ha adquirido esta problemática. Esta labor requiere de trabajo colaborativo, intercambiar prácticas, conocer nuevos caso y plantear soluciones conjuntas. Pero cómo enfrentar el problema es la pregunta de muchos padres, educadores, administradores de planteles educativos y profesionales se plantean. Pues no hay solución milagrosa que erradique el problema de la noche a la mañana. El ciberacoso no es culpa de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, sino que tiene sus raíces en la discriminación, la ignorancia y el abuso que los usuarios hacen de éstas. Por esta razón hay que fomentar el uso productivo y constructivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ya que éstas ofrecen muchas oportunidades para fomentar el liderazgo, la confianza, la integridad, la autonomía, el apoyo a la inclusión y la toma de decisiones. Es necesario formar ciudadanos digitales, a través la alfabetización informacional, para que los usuarios realicen una mejor apropiación de estas tecnologías.
Si quieren conocer más información sobre los proyectos de la red para la investigación y la prevención del acoso en línea y el matoneo virtual alrededor de las competencias ciudadanas, el ámbito legal, la gestión de crisis, las capacitaciones, los recursos en línea, contáctenos en: www.ciberacoso.co